miércoles, 15 de febrero de 2012

La ciencia va deconstruyendo el amor para conocer mejor al ser humano

La ciencia va deconstruyendo el amor para conocer mejor al ser humano. Primero fue apareamiento e instinto de supervivencia, luego fue amor social. Es todo corazón, forma que se reconoce universalmente como símbolo del amor y de la atracción. Si bien adquirió notoriedad con las barajas de cartas del siglo XV, no alcanzó gran importancia hasta el culto al Sagrado Corazón asociado a vírgenes mártires como santa Catalina de Siena. El corazón asociado con san Valentín es bastante tardío, según señala Martin Kemp, profesor emérito de Historia del Arte de la Universidad de Oxford. Explica que es en el siglo XIX cuando proliferaron las tarjetas amorosas con variaciones, más o menos extravagantes, del corazón rojo sangre. Pero el amor va desplazándose del corazón al cerebro, y no sólo al de Freud, sino al de todos y cada uno de nosotros. La ciencia lleva años deconstruyendo el amor y descubriendo que hay en él más de cerebro que de corazón, aunque las flechas de Cupido mantengan su objetivo. Las investigaciones científicas andan ahora centradas en saber por qué una persona se enamora de otra en concreto en un determinado momento. Helen Fisher, conocida como la antropóloga del amor, explica a Marta Ricart en este Magazine que hay cuatro tipos de sistemas cerebrales, vinculados a personalidades distintas y que intervienen en el enamoramiento. Está la personalidad exploradora, curiosa; la convencional o meticulosa; la lógica, con gran decisión, y la negociadora e imaginativa. Si quieren saber cómo se aparean entre ellas, pasen y lean cómo funciona la ciencia del amor: hay más cerebro que corazón.

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