sábado, 19 de junio de 2010

Las mujeres buscan en el amor apoyo y sobre todo reconocimiento que les de fuerza, seguridad

Sobre el deseo y la subjetividad femenina
Hablemos del deseo, intangible pero constantemente presente, que nos impulsa a buscar, si saber el qué, y, que cuando lo sabemos y por fin lo encontramos, sigue impulsándonos a continuar buscando y buscando. Impulso que nos lleva a una búsqueda sin fin, en donde la misma parece ser indispensable y central. Deseo-búsqueda, binomio inseparable, pues mientras haya deseo siempre aparecerá la necesidad de buscar, aunque demos vueltas y entremos en la insatisfacción constante al no servirnos ya el objeto al que la misma nos ha llevado.
El deseo parte de una necesidad, de una inquietud que hay que calmar, de un vacío que hay que llenar. Parte de un impulso transformándose en búsqueda que nos hace vivir, pues en la ilusión de encontrar aquello que nos va a colmar, nos sentimos vivos, nos ilusionamos.
Cuando el deseo se instala en una búsqueda hacia la vida, en un camino que elegimos nosotros(no en los objetos a conseguir), en un camino a recorrer, es cuando nos sentimos vivos, satisfechos en parte, vibrantes. Pero cuando se instala en una búsqueda caótica, sin camino elegido, manejados por el momento, cuando el deseo está sin rumbo la insatisfacción nos devora y nos sentimos cada vez mas vacíos. Pero, si no escuchamos el deseo, y nos embarcamos en un camino en donde no hay lugar para él, nos empezamos a morir, y nos convertimos en autómatas, al ser despojados de lo esencial al ser humano: la capacidad deseante.
Caminar por la vida supone manejarnos con las decisiones, las elecciones para transitar por el vivir-desear-elegir-hacer. El deseo nos lleva a vivir, pero para poder vivir satisfactoriamente tenemos que elegir, y elegir supone mediar entre las necesidades, los deseos y las responsabilidades, para poder al final concretar esa elección en un hacer que nos haga sentirnos vivos y dueños de nuestro destino.
El deseo necesita concretarse en objetos, así el objeto del deseo, o mas bien los objetos, serian el vehículo en donde se instala el deseo, en ese camino de búsqueda constante que nos mantiene vivos, y que cuando los usamos, los tenemos, al poco se agotan y desgastan, y necesita otro vehículo nuevo en donde instalarse para continuar hacia su destino y calmar ese vacío del cual parte, esa insatisfacción que nos impulsa a seguir y seguir, y que solo en la propia búsqueda consigue apaciguarse, aunque nunca apagarse, salvo al final, al llegar a la muerte.
Partiendo de la necesidad de reconocer el deseo propio a través del deseo del otro para la constitución del aparato psíquico, la particularidad del yo reside en haber sido primero invadido por el deseo del adulto(la madre) apropiándose después de los enunciados que vienen del otro para hacerlos poco a poco suyos. Si en un primer momento es el cuerpo del bebe el depositario del deseo del otro adulto, este deseo resulta diferente si se trata de si es niño o niña.
Si en la constitución de la subjetividad es necesario pasar por el reconocimiento de otro, a través de cuyo deseo se reconoce y habita el deseo propio, es fácilmente deducible la importancia de cual es la concretización del deseo y de sus objetos de eso otro adulto. Resulta lógico entender que esa concretización del deseo en objetos que lo representan resulta diferente en hombres y mujeres, estableciéndose por tanto diferencias en los objetos de deseo de ambos.
Como consecuencia de estas reflexiones me surge la pregunta de cómo puede articularse el deseo, y su concretización en los objetos de deseo en la subjetividad femenina y si existen características diferenciales en las distintas etapas que atraviesa una mujer: infancia, menarquia, menopausia…., sobre todo me pregunto que ocurre en la etapa que va desde la menarquia hasta la menopausia.
El deseo femenino aparece supeditado a la mirada del hombre, que la vea deseada, pero no deseante. Mujeres deseantes del deseo masculino, pero no del propio, y cuyo deseo es apropiarse del deseo del hombre para sentirse valoradas, mujeres necesitadas de la mirada masculina para “ser”, buscando en el amor y la pasión sentirse completas y vivas
Buscan en el amor y la pasión la satisfacción de sus anhelos. El objeto de pasión se convierte en objeto de necesidad sin el cual no pueden vivir. Buscan constantemente su mirada para poder encontrar en ella esa imagen de ellas mismos que anhelan. Búsqueda anhelante y angustiosa que atrapa y de la que no se puede salir, persiguiendo ansiosamente esa mirada que se siente por un instante ilusoriamente como verdad.
Muchas mujeres quedan atrapadas en esa búsqueda compulsiva, esperando encontrar plenitud, desbode. Sensación preverbal, sin palabras que la contengan y den cuenta de lo que es y lo que produce Fusión del cuerpo y alma, el estallido que expande, el todo…. se busca en la pasión algo intangible pero intenso, esquivo pero que atrapa y no deja vivir, a pesar de que precisamente es eso lo que se busca: sentirse vivo.
Pasión-vivir, binomio que atrapa ilusoriamente y que se busca e idealiza en la mirada. ¿por qué se quedan tan enganchadas en la mirada del otro? ¿que esperan? ¿que ven en él/ella? Juego de doble mirada, como en un juego de espejos en donde necesitan encontrar esa imagen de ellas mismas que anhelan.
ELLA, ¿que busca y ve en él? y ¿quién es él? No vale cualquier mirada. El tiene que cumplir una función arquetípica: alto, guapo, inteligente, responsable, y ante cualquier crisis, hacer siempre lo correcto, de manera decisiva y adecuada. Tiene que tener un cierto halo de arrogancia y firmeza que no le haga fácilmente manejable.
ELLA necesita verle así para poder mirarse en sus ojos y descubrirse DIOSA, perfecta, maravillosa, única y, sobre todo, LA ELEGIDA. Sentirse la diosa elegida de ese dios que con su mirada la eleva a los altares, y poder sentirse asi vibrante y viva.
Pero ÉL no puede salirse de este lugar, tiene que contener la pasión que le envuelve y sujetarla a ELLA y a la pasión que le suscita, para no verse arrastrada y perdida.
Y como quiere que EL la vea ? para él, ella tiene que ser alguien que le sorprenda, que le intrigue y le desconcierte, pero a la vez tiene que cumplir con el arquetipo femenino: inteligente pero no creída, suave, con un cierto halo de vulnerabilidad, juguetona, vital e independiente, pero a la vez necesitada, vulnerable pero no manipulable, atractiva(que no guapa), sexy y provocar la admiración masculina.
Vista así, EL necesita verse en la mirada de ella admirado y necesitado, como aquel que le va a dar lo que ella no tiene. Ver que ELLA le desea porque EL es deseable. Necesita ver en la mirada de ELLA lo que ella ve en EL: el dios deseado y admirado.
EL necesita que ELLA se preste a ser su objeto, y ELLA a que EL se crea lo que ELLA le muestra: no hay falta, aunque se sabe que la hay.
Se espera encontrar un estado en donde todo el ser esta alerta, vibrando, electrizado, en medio del juego entre la vida pujante de lo que significa y la amenaza latente de muerte y desgarro. El otro , objeto de pasión, es el depositario del juego entre la vida y la muerte, el que da la vida con su presencia, o la quita con su ausencia. Juego entre necesidad y angustia que paraliza, como en un juicio final, en donde el DIOS (él) hace vivir o morir.
En la mirada de deseo se busca el interrogante intenso y el sentido de la vida. Es una mirada que vitaliza para actuar, para buscar, en donde el otro es el rey que empuja y motiva. Tiene el poder de darnos vida, no la vida.
Las mujeres buscan en el amor apoyo y sobre todo reconocimiento que les de fuerza, seguridad y estimulo. Sentir al otro (el hombre) al otro lado, alejando la sensación de soledad y haciendolas sentirse, verse y sobre todo ser.

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